Acidez, dolor de estómago, hinchazón o cambios en la digestión. Responde unas preguntas y recibe una orientación preliminar sobre qué puede estar pasando y con qué especialista conviene revisarlo. No sustituye una consulta médica.
Esto es una orientación informativa, no un dictamen médico. Sirve para saber qué tan pronto conviene que te vea alguien.
Dónde y cuándo duele es lo que más separa unas causas de otras. Si no tienes dolor, salta este paso.
Lo último. Estas respuestas cambian qué es probable a tu edad y con tus antecedentes.
El cuestionario ordena lo que ya sabes de tu cuerpo: dónde duele, desde cuándo, si aparece con la comida o sin ella, si hay reflujo, náusea, diarrea o estreñimiento. Con ese patrón arma una lista de sospechosos —gastritis o dispepsia, reflujo, colon irritable, infección— y te dice si el cuadro se parece a algo que puede esperar o a algo que conviene ver hoy.
Lo que no puede hacer: tocar tu abdomen. Y ahí se decide casi todo. Un abdomen blando que se deja palpar y uno rígido que duele al mínimo contacto describen dos urgencias distintas, y esa diferencia no se transmite por escrito ni con fotos. Por eso el resultado es una orientación para decidir a dónde ir y con qué prisa, no un diagnóstico.
Vas a ver una sospecha principal, alternativas y una etiqueta de urgencia. La etiqueta manda sobre el porcentaje: si dice que hay señales de alarma, da igual la confianza de la sospecha principal; esas señales se atienden en consulta el mismo día. Si la etiqueta es de seguimiento, el número te sirve para saber qué preguntar y qué observar en las próximas dos semanas.
Los tres responden a manejos distintos, y por eso importa no tratarlos a ciegas: un antiácido que alivia el reflujo no corrige el colon irritable ni una infección, y el uso prolongado de omeprazol sin indicación tiene costos propios.
Estas señales significan atención médica hoy, no esta semana: dolor que te despierta de noche o que no cede en horas, abdomen rígido o tan doloroso que no toleras que lo toquen, vómito con sangre o con aspecto de café molido, heces negras o con sangre, fiebre con color amarillo en ojos o piel, incapacidad de retener líquidos por más de un día, hinchazón abdominal nueva y progresiva, o pérdida de peso sin proponértelo.
Y una advertencia específica sobre el dolor en la parte baja del lado derecho: si empezó difuso alrededor del ombligo y se fue concentrando ahí, con fiebre o náusea, eso es motivo de urgencia por posible apendicitis. Este test puede sugerirlo, pero no puede descartarlo.
Una consulta de diez minutos rinde mucho más si llevas el patrón escrito que si improvisas. Anota cuatro cosas: el día y la hora del primer episodio, qué comiste o hiciste en las horas previas, cuánto duró y qué lo alivió. Si tomaste algo —antiácidos, analgésicos, hierbas— anótalo también, porque muchos medicamentos comunes (los antiinflamatorios, por ejemplo) producen o empeoran el dolor gástrico. Llevar los estudios previos, aunque sean viejos, evita repetir pruebas y permite ver si algo cambió. Y si el dolor te ha hecho faltar al trabajo o dejar de comer, dilo: la forma en que el síntoma afecta tu vida es parte del cuadro, no un detalle del que haya que avergonzarse.
No con certeza. Puede decir que tu cuadro se parece a una dispepsia. La gastritis se confirma viendo la mucosa por endoscopia, y muchos casos de "gastritis" diagnosticados por síntomas son en realidad dispepsia funcional.
Sí, y es el caso donde más ayuda: el patrón importa más que la intensidad. Un dolor leve de tres meses merece una consulta programada; uno intenso de tres horas merece urgencias.
Puedes ordenar lo básico: comidas pequeñas, evitar alcohol, café y fritos, no acostarte en las dos horas siguientes a comer. No empieces antibióticos ni protectores gástricos por tu cuenta, porque enmascaran el cuadro que hay que evaluar.
Lo decide el médico. No todo dolor abdominal necesita tomografía: en cuadros típicos y sin señales de alarma, muchas veces la valoración clínica basta. En urgencias, en cambio, la imagen puede ser la diferencia.
Porque el eje intestino-cerebro es real: el estrés cambia la motilidad y la sensibilidad visceral. No significa que "sea psicológico" ni que el dolor no exista; significa que el manejo incluye cómo duermes, comes y vives.
No. Su mejor uso es llegar a la consulta con un patrón claro: cuándo empezó, qué lo empeora, qué lo alivia y qué señales de alarma has tenido.
Fuentes consultadas: MedlinePlus — dolor abdominal · NIDDK — reflujo gastroesofágico. Este contenido es orientativo y no sustituye la valoración de un médico.